CEPO

Tarea urgente para normalizar la economía en 2014

LA LLAVE PARA ABRIR EL CEPO

El esquema surgido en octubre de 2011 fue ineficiente para impedir la fuga de capitales y, en cambio, funcionó muy bien para evitar que ingresaran dólares frescos. A poco más de dos años de su implementación, casi nadie duda de que, tarde o temprano, se deberá avanzar a un esquema de menores controles y recuperar el mercado único de cambios. Cuáles son los pasos a seguir, en la opinión de los expertos.


Por: Pablo Wende 


El Muro de Berlín fue un intento desesperado del comunismo para detener las masivas fugas que sucedían desde esta ciudad hacia Alemania occidental. Pero ni siquiera sus 45 kilómetros y controles extremos impidieron que más de 5.000 personas intentaran fugarse durante los 28 años de su existencia, sin tener en cuenta los incontables casos que nunca fueron descubiertos.

El museo Check Point Charlie, ubicado en el corazón de la "nueva" Berlín, es uno de los puntos de mayor atracción para el turismo. A través de tres pisos refleja no sólo la historia vinculada con los años del comunismo y la forma de vida en aquella ciudad; también contiene valiosas reproducciones de cómo se las ingeniaban los berlineses para fugar del lado oriental. No alcanzaba con treparse el Muro y pasar del otro lado, porque en realidad eran dos las "cortinas" de ladrillos que separaban a la parte comunista de la capitalista. Algunos llegaron a construir túneles de kilómetros de longitud. Otros optaron por acondicionar autos para transportar fugitivos, incluyendo tubos de oxígeno y mascaras para sobreponerse a un encierro que podía prolongarse por días.

Salvando las distancias, el cepo cambiario no es otra cosa que una suerte de muro, pero financiero. Nadie está dispuesto a ingresar a él por una sencilla razón: resulta muy difícil salir. Y los que están adentro buscan las mil y una maneras de burlar los controles. En otras palabras, pese a la prohibición del Gobierno para atesorar dólares, el público y las empresas se las ingenian igual para hacerse de divisas o, al menos, comprar bienes o servicios que se acerquen al valor del tipo de cambio oficial.

Después de 28 años, el Muro de Berlín desapareció casi de un día para el otro, con mayor rapidez de la que había insumido su construcción. Nadie cree que el cepo cambiario durará tanto tiempo. Es más, ahora desde el Gobierno también reconocen que deben ir buscando una salida. Pero aún ningún funcionario tiene demasiado claro cómo será el final del cepo y mucho menos cuándo sucederá.

Con más de dos años de cepo, la evidencia macroeconómica y cambiaria habla a las claras de su fracaso. La economía prácticamente se estancó, la inflación se mantiene por encima del 25% y la industria continuó perdiendo competitividad. Pero lo que es tanto o más grave que lo anterior es que se trata de un instrumento que fracasó en la búsqueda del objetivo que se había trazado en su inicio, que era detener la fuga de capitales y, por ende, la caída de reservas.

Ya próximo a su fin, 2013 reflejó que todas las trabas para la salida de dólares fueron inútiles para impedir que siguieran cayendo las reservas. El stock del BCRA había arrancado en u$s 43.290 millones. De no mediar alguna sorpresa favorable, lo más probable es que finalice el año por debajo de los u$s 30.000 millones. Y no hace falta hacer demasiados números para darse cuenta de que resultaría imposible recorrer esta transición de dos años hasta fin de 2015 con un ritmo de caída similar. Simplemente, porque no alcanzarían las reservas para enfrentar semejante demanda de divisas.

El nuevo gabinete económico mostró reacción y ahora ya no se repite que el nivel de reservas es "adecuado", sino que por el contrario reconocen que el uso de dólares debe acotarse. Una de las primeras definiciones del jefe de Gabinete,Jorge Capitanich, es que deben utilizarse para financiar la industria y no para la compra de bienes suntuarios. Por eso, entre las primeras medidas que se tomaron figura el impuesto a los autos de alta gama (que aún espera la aprobación del Senado) y un recargo que subió del 20% al 35% para turismo en el exterior (pago a cuenta de Ganancias o Bienes Personales), como así para la adquisición de billetes a la AFIP antes de viajar (antes no tenía recargo y ahora el Estado cobra el mismo 35%).



Defecto, no virtud

Ricardo Delgado
, director de la consultora Analytica y actualmente también jefe de asesores económicos de Sergio Massa, señala que "el cepo es un defecto, no una virtud, de la política económica. Las economías normales no limitan el uso de divisas. Su existencia consolida el mercado paralelo por encima del oficial y distorsiona los incentivos a liquidar dólares. Por eso, debe removerse con un programa que apunte a bajar la inflación para fomentar el ahorro en pesos. Es evidente que existen distorsiones de precios relativos y que el precio del dólar está atrasado".

La primera medida que tomó el titular del BCRA, Juan Carlos Fábrega, fue acelerar la suba del dólar oficial, que está aumentando a más del 4% mensual. De esta forma, se busca un tipo de cambio más competitivo y de paso achicar la brecha con el "blue". De todas formas, también se trata de una jugada peligrosa que podría desatar más inflación.

"Salir del cepo -agrega Delgado- no será fácil, ni tampoco gratis. El Gobierno debe atacar en el corto plazo la escasez de oferta de dólares anclando las expectativas y avanzando en la unificación paulatina del mercado cambiario. La consigna es pasar el verano". En esa dirección, el Gobierno emitiría una letra indexada por el dólar oficial para impulsar la venta de la cosecha de los productores agropecuarios, y también se analizan instrumentos para volver a seducir al ahorro en dólares.

La mayoría de los economistas considera que tarde o temprano habrá que levantar las restricciones cambiarias, pero al mismo tiempo sugieren hacerlo con prudencia. Eduardo Levy Yeyati, director de la consultora Elypsis, afirma: "Si el cepo se levanta sin tomar ningún recaudo, los pesos acorralados irían al dólar reduciendo reservas y provocando un problema de liquidez bancaria". En esa dirección, enfatizó que "el Gobierno tiene que tener acceso a dólares antes de liberar la oferta local. Cerrados los frentes del CIADI y Repsol, y lanzado en marzo un IPCN (Índice de Precios al Consumidor-Nacional) más realista, el siguiente paso sería reestructurar la deuda en default con el Club de París (lo que a su vez requiere una por demás inocua misión estipulada en el artículo IV del FMI) para levantar el veto estadounidense y acceder a préstamos multilaterales y bilaterales subsidiados". El economista marca que recién con estos frentes solucionados, podría pasarse a un relajamiento de los controles, en un plazo mediano. "Con esto en mano, y tras corregir la cotización oficial y ordenar las expectativas de inflación para limitar el traslado a precios de la devaluación, deberían flexibilizarse los controles de capitales para atraer dólares frescos de inversión directa internacional, y llevar las tasas a niveles reales positivos para generar ahorro en pesos. Con todo este arsenal, se puede debatir la velocidad a la que se eliminarían las restricciones a la compra. La secuencia es esencial: todo el proceso puede llevar fácilmente un año", prevé Levy Yeyati. 



Hacia la reinserción internacional

Coincide con esa línea Jorge Todesca, quien fuera viceministro de Economía en 2002, en el inicio del Gobierno de Eduardo Duhalde. "En algún momento, uno esperaría que se volviera a un mercado único y libre de cambios como existió entre 2002 y 2011. Hay que crear las condiciones para salir del cepo, que a mi juicio son básicamente dos: resolver el problema del tipo de cambio y reinsertar al país en el mercado financiero internacional, lo cual implica, necesariamente, normalizar las relaciones con el FMI". Todesca recuerda que sólo ocho países miembro del organismo financiero resisten el informe anual, lo que debería ser modificado para una "vuelta a los mercados". "Naturalmente, esto tiene como prerrequisito una política de contención de la inflación que requiere mejorar las cuentas fiscales como eje central y obviamente la normalización del INDEC", remarca.

Después de las elecciones primarias, el Gobierno comenzó a dar algunos de estos pasos y todo indica que esta línea se profundizará en los próximos meses. La negociación con Repsol, por ejemplo, resulta clave para reubicar a la Argentina en el radar de los inversores internacionales. Llegar a un acuerdo por la expropiación de YPF es una condición necesaria, aunque no suficiente, para recuperar acceso al financiamiento. Los inversores reaccionaron positivamente a estos anuncios (incluyendo el pago a cinco empresas que ganaron juicios en el CIADI o un posible acercamiento al FMI), como lo demostró la fuerte baja del riesgo-país. Venía de más de 1.100 puntos antes de agosto y cayó hasta los 800. Pese a la persistente caída de reservas, la sensación del mercado es que la Argentina se volvió un destino más interesante para invertir o, visto de otra manera, menos indeseable. El Boden 2015, uno de los títulos dolarizados de duración más corta, llegó a costar u$s 85 a mediados de año y ahora ya cotiza cerca de los u$s 100. Semejante suba sugiere que, en la evaluación de los mercados, la caída de reservas no es tan grave al lado de la posibilidad de recuperar acceso al financiamiento.

El economista Javier González Fraga da un enfoque diferente para evaluar qué se debe hacer con el cepo cambiario. El expresidente del Banco Central sugiere seguir dos caminos simultáneos: en primer lugar, devaluar de una vez el dólar oficial en vez de hacerlo en módicas cuotas; y, al mismo tiempo, liberar el dólar para el turismo y el sector financiero. "No tiene sentido devaluar un 3% o un 4% mensual, porque genera el efecto contrario al que se busca, ya que los productores retienen la cosecha a la espera de un tipo de cambio más alto. Lo más lógico sería devaluar entre un 15% y un 18% de una sola vez y a partir de allí plantear cierta incertidumbre. De acuerdo con el actual asesor económico de la UCR, un tipo de cambio razonable para la actual situación del país sería de $ 7,50, lo cual no sería inflacionario porque ya es un valor descontado por los importadores. Y al mismo tiempo, le daría impulso al sector agroexportador para liquidar.

En lo que respecta a la posible liberación del mercado paralelo, es decir, que deje de ser ilegal, esto, lejos de impulsar hacia arriba la cotización, la terminaría calmando, según González Fraga: "El Banco Central también podría intervenir en este mercado, pero como un jugador más. Hoy lo que sucede es que hay mucha demanda, pero las fuentes de oferta son escasas".

Aunque nadie se arroga tener la llave que abre el cepo, sí parece haber un acuerdo bastante extendido en lo que respecta a las condiciones que deben preceder una salida ordenada del actual esquema de restricciones cambiarias. En primer lugar, aparece la necesidad de bajar la inflación. La actual suba de precios es, indudablemente, lo que generó el atraso cambiario y un fuerte aumento de la demanda de dólares. Al ganar su segundo mandato, la presidenta Cristina de Kirchner prefirió restringir el acceso a las divisas en vez de combatir el problema de fondo, es decir, la suba generalizada de precios. El discurso pesificador que se intentó imponer durante todo el año pasado fracasó rotundamente. La explicación es elemental: la negativa de la gente a ahorrar en pesos se debe a la inflación y a las tasas de interés negativas en términos reales. En la medida en que no se corrija esta situación, será imposible que se regenere un ahorro en moneda local y que el inversor deje de pensar en dólares.



Frenar la caída de reservas

La caída de reservas se transformó en uno de los temas más urgentes desde que la Presidente optó por renovar buena parte del gabinete luego de la derrota legislativa. Desde 2011, la caída ya acumula cerca de u$s 20.000 millones. El objetivo del flamante titular del Central es suavizar la caída mensual (que en noviembre llegó a nada menos que u$s 2.100 millones, dos tercios que en todo 2012) y, a partir de marzo o abril, conseguir una estabilización. Pero la tarea no luce sencilla si se considera el drenaje relacionado con el turismo (que este año arrojó un déficit superior a los u$s 8.000 millones), la energía (más de u$s 6.000 millones) y otros sectores que presentan balanzas cambiarias con fuertes rojos, como sucede con las autopartes.

Desde el entorno de Massa, Delgado señala que "preocupa no sólo la caída de reservas, sino por la velocidad que está teniendo esta tendencia. En tres meses cayeron más de u$s 6.000 millones y con los pagos de diciembre y las ventas diarias del BCRA, seguramente terminen el año bien por debajo de los u$s 30.000 M. Puede haber cierto financiamiento a través de algún swap con algún Banco Central (como China o Rusia) pero no será suficiente para aplacar las expectativas".

En 2014 y 2015 vencen u$s 20.000 millones de deuda del sector público. Esto obliga al Gobierno a torcerle el rumbo a la situación actual, para evitar que el ajuste sea mayor.

Los pronósticos, según el economista de Analytica, no son los más optimistas: "En un contexto de precios internacionales que, en el mejor de los casos, no crecerán, y con Brasil devaluando, el Gobierno no tendrá otra opción que administrar las importaciones para contener el drenaje de reservas. El escenario de los próximos dos años es de bajo crecimiento con alta inflación".

Para Todesca no será fácil frenar el drenaje: "Creo que podemos tener una contracción adicional de las reservas del orden de u$s 10.000 millones en 2014, lo que evidentemente colocaría a la situación en un punto crítico. Espero que el Gobierno trabaje para que eso no ocurra".

Levy Yeyati, por su parte, remarcó que en lo que respecta al comportamiento del flujo de reservas, entre los factores positivos se encuentra una eventual mejora en el balance del turismo como resultado de la devaluación y la implementación de nuevos controles, una baja formación de activos privados, correlato del cepo y, en 2014, menores servicios de deuda pública. Sin embargo, para Levy Yeyati también hay factores negativos: menor flujo de divisas agrícolas, resultado de un deterioro de los términos de intercambio; mayor déficit de combustibles y repago acelerado de deuda privada para elevar la posición neta en dólares.

Casi todos los estudios coinciden en ajustar las reservas a la baja. El estudio Dujovne, por ejemplo, estimó que terminarán 2013 en la zona de los u$s 28.500 millones. Y advirtió que las reservas líquidas (es decir, las que realmente se pueden aplicar para intervenir en el mercado) apenas llegan a los 20.000 millones de dólares. Una cifra exigua que, en caso de seguir en descenso, podría desatar una peor crisis cambiaria y una huida mucho más acelerada de la moneda local. 

@PabloWende