Plazas, torres, calles...

Opinión

Plazas, torres, calles... ¿cómo las queremos?

POR RODOLFO SORONDO - ESPECIAL PARA ARQ -

La arquitectura conforma lugares de vida, no sólo objetos para mirar. Y es en las calles y en las plazas donde sucede la mayor parte de la actividad visible de la comunidad. Hay que reivindicar las torres con basamento.
En esta misma sección, el 31.12.13, Luis Bruno se refirió a las torres de perímetro libre de Buenos Aires, asentando algunos interesantes conceptos con los que acuerdo plenamente. En ediciones posteriores hubo respuestas bastante indignadas, el contraataque del mercado inmobiliario. Bienvenida sea la polémica, ya que muchos puntos de vista enriquecen. En estos casos más no es menos como quería Mies, más será siempre más.

Al hablar de las calles, Luis Bruno, decano electo de la FADU-UBA, está hablando de la ciudad como el resultado de la vida social y cultural de la comunidad, con sus preexistencias, historia, costumbres, mitos y leyendas. Una ciudad es su gente, su bullicio, su intercambio social, es nuestra cultura, el devenir de lo ya transitado y la prefiguración de lo futuro, en un lugar geográfico preciso, con su clima y su paisaje.

Una ciudad que vive, se agita y alborota en los espacios públicos, abiertos y cerrados, plazas, calles y shoppings, bares, cines, teatros y librerías, locales de música y videos, llenando las veredas de sonidos, que junto con el estruendo del tráfico, constituyen el latido de nuestro habitar ciudadano.

Y a todo se llega por las calles. Que al decir de Bruno “son más amigables y seguras cuando se suceden puertas de acceso y comercio”.

Calles con gente apurada, con gente que parece que habla sola hasta que le descubrimos ese apéndice facial que es la oreja- celular, ya no con sillas en la vereda y chicos jugando a la pelota, sino con gente fumando en la vereda, que todavía no está prohibido.

Calles con fachadas arquitectónicas diversas, con el colorido de vidrieras comerciales cambiantes, con propaganda gráfica, con carteles luminosos, con murales y grafitis, todo eso como pulso vital de la ciudad.

En mi libro Manual de arquitectura en zapatillas, así describí calles y esquinas: “Si habíamos dicho que la plaza es el corazón de la ciudad, podemos decir que las calles constituyen las venas, por donde circulan y bullen los ciudadanos, viviendo el complejo acto del ‘habitar’.

Hacia la plaza confluyen las calles, conectores urbanos que no solo cumplen su función de tales, sino que configuran ricos espacios de ‘vida urbana’ y comunal que trasciende el mero hecho funcional de canalizar personas o cosas. En ellas sucede la mayor parte de la actividad visible de la comunidad ofreciendo usos diversos tanto funcionales como transitar, (a pié o por otros medios), o de servicios, comerciales, recreativos, culturales, etcétera.

Las calles son como ‘tajos’ en la masa edilicia urbana y tienen entidad particular, escalas diferentes y significaciones diversas. Volviendo a la analogía anatómica, podemos decir que son como arterias, venas o capilares, con distintos tamaños, usos y roles dentro del cuerpo urbano que las contiene. Y tienen borde, que delimita el dicho ‘tajo’, constituido por las construcciones que albergan las actividades sociales de los ciudadanos.

Están contenidas por las fachadas de los edificios de borde, que a la vez son parte de una fachada urbana que las caracteriza mediante formas significantes que son producto de una cultura, que se va desarrollando a través del tiempo, según los sitios y su ubicación en el mundo.

Cuando las calles se cortan, se producen las esquinas. Este es un elemento importante en la vida ciudadana, ya que es un punto espacial característico, siendo cada cruce de calles particular una referencia en la vida de los habitantes. “Te espero en la esquina”, “ Nos encontramos en San Juan y Boedo”, “La barra de la esquina”, “el café de la esquina”, “el kiosko de diarios de la esquina”. Las esquinas se caracterizan por su vitalidad social y su importancia se potencia por ser la intersección de dos fachadas urbanas. Cada fachada “dobla” en la esquina y este vértice es un importante y conflictivo problema formal a resolver.

Si pensamos la ciudad de Buenos Aires y nos acordamos de sus esquinas características, vemos cómo varían según las épocas. Jerarquizadas con cúpulas, ampliadas por ochavas, tomadas en curvas, rectificadas en ángulo recto, siempre constituyen un elemento significante. Pero difícil de resolver.

Tradicionalmente las ochavas seguían la forma de “ochava”, ya sea en forma curva o recta, para dar la vuelta armoniosamente.

Pero esta manera formal constituye un incordio para resolver adecuadamente una planta de locales mayoritariamente rectangulares y con ángulos rectos, ya que la esquina por reglamentación mocha un vértice. Gracias a las estructuras modernas, fue posible tomar la ochava en planta baja y seguir en los pisos altos los laterales en voladizo, hasta encontrarse en el vértice.

Esta solución, que facilita el diseño repetitivo de departamentos tipo y agrega m2 a los emprendimientos, con beneplácito de los gestores inmobiliarios, es adoptada en la mayoría de los edificios de esquina desde los años 70 a la fecha. Pero creo que no le hace bien, ni conceptualmente ni formalmente, al paisaje urbano, ya que se pierde así el acento formal y significante del edificio de esquina.

Como la construcción del habitar urbano se realiza mediante normas y reglamentos, estos deberían contemplar la solución de problemas inmediatos, pero prever las consecuencias negativas que puedan acarrear. Valga como ejemplo que a la norma de cocheras obligatorias, la especulación inmobiliaria responde con cuadras enteras de cocheras en planta baja con acceso directo, anulando así la vitalidad de la calle, que pierde capacidad de estacionamiento libre y locales con vida “ humana”.

Es bueno, importante y atinado, reivindicar las torres con basamento, que mantienen el perfil de la calle y que fundamentalmente preservan su microclima. Pensemos si no en Catalinas Norte, inicialmente proyectada con torres con basamento y finalmente construida con torres exentas, conformando así un no lugar, invivible en días de viento y lluvia, hostil y poco amigable tanto invierno y verano.

Me parece de mucha madurez conceptual que Luis Bruno centre sus críticas a las torres en aspectos arquitectónicos valederos, es decir, afirmando que no sirven a su fin, que en definitiva es contener y dar forma a la plena vida ciudadana; y que deje de lado el aspecto formal, que es materia opinable y suele estar dictado, como bien sabemos, por las “modas” del momento.

La arquitectura conforma lugares de vida, no solo objetos para mirar. Es muy positivo poner este debate en el tapete, en esta época de grandes emprendimientos de oficinas y vivienda.

No podemos dejar de lado la solución de temas tan importantes como la construcción del habitar del conjunto de la comunidad sin excluir a nadie.

Necesitamos y queremos una ciudad para todos. Posibilitemos el derecho ciudadano a disfrutar de ella.

* Arquitecto

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